jueves, 23 de agosto de 2007
Realismo Magico
La gente de La Higuera nos recibió, como siempre, con abrazos, sonrisas y comida para el mundo. El entusiasmo en el taller sobre técnicas de conservación de suelo me dejó feliz, y las caminatas y paseos en mulo volvieron a ser geniales. Pero esta subida tuvo un agregado interesantísimo que, por razones obvias, no quedó registrado en fotos: los ritos de la muerte. Luego de los nueve días de llanto reglamentario a partir del entierro, mujeres vestidas de riguroso luto se reúnen una última vez durante la hora santa. La comunidad en pleno las acompaña en el rezo del rosario y los cantos correspondientes. Al final, llantos ya sin lágrimas y gritos desgarradores con fuerzas que están por acabarse: “¡Ay, mi padre!”, “¡Ay mi esposo!”. Dos mujeres se desmayan, una entra en trance. Ahora sí don Antonio puede descansar en paz. No puedo evitar pensar en Macondo y en las mil situaciones antes ajenas que ahora cobran sentido. Aquí terminé de entender que mis novelas y cuentos favoritos tienen más de realidad que de magia, y que el mérito de García Márquez es simplemente saber contarla...

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