Cuatro horas más tarde estoy en Boca de los Arroyos, donde Luis me está esperando con la camioneta para llevarme a El Ingenito a dar el último taller. Estaciono mi mulo, estiro las piernas, saludo a la gente, escucho el río y disfruto el paisaje un minuto más. A pocos metros de una mamá-chancha y sus chanchitos, un niño desnudo aprende a caminar. Su mamá, que también es una niña, lo recoge cuando se cae. Él sólo se ríe.
Ya en mi casa, ducha fría (pelo limpio!!) y a comer: leche con chocolate y polvorones de Elías Piña, los mejores de toda la isla. No hay luz, pero no importa. En cualquier momento llegan la Clau y el Jose para contarme cómo estuvo su semana y preguntarme cómo me fue en este nuevo viaje a la loma...

